El mundo de las criptomonedas ha estado centrado en la velocidad, las tarifas y la escalabilidad durante años. Sin embargo, ahora se enfrenta a una pregunta más existencial: ¿qué sucederá cuando su seguridad fundamental se vea comprometida?

Esta cuestión ha pasado de ser teórica a convertirse en una preocupación urgente. Las computadoras cuánticas, que utilizan principios de la física cuántica para procesar información de formas completamente diferentes a los ordenadores actuales, podrían resolver problemas matemáticos que sustentan la encriptación moderna.

Las discusiones sobre la criptografía post-cuántica se han intensificado en la industria en las últimas semanas, especialmente después de que nuevos estudios de Google y colaboradores académicos sugirieran que estos sistemas podrían algún día romper la encriptación ampliamente utilizada, lo que permitiría descifrar sistemas como Bitcoin en minutos en lugar de años.

Mientras los desarrolladores de Bitcoin apuraban en busca de soluciones y Ethereum se preparaba para el eventual desafío, Solana ha decidido adelantarse a este escenario.

La firma de criptografía Project Eleven ha unido fuerzas con la Fundación Solana para experimentar con la seguridad post-cuántica, una tecnología diseñada para resistir ataques cuánticos que podrían dejar obsoleta la criptografía actual. Los primeros trabajos están revelando una dura realidad: hacer que Solana sea segura contra ataques cuánticos podría comprometer el rendimiento que la define.

En la práctica, este esfuerzo ha llevado a ir más allá de la teoría para entrar en pruebas en vivo. Project Eleven ha colaborado con el ecosistema de Solana para modelar el comportamiento de la red si su criptografía actual fuera reemplazada, incluyendo el despliegue de un entorno de prueba que utiliza firmas resistentes a la cuántica —las claves digitales que autorizan las transacciones. El objetivo no es solo demostrar que la tecnología funciona, sino entender qué se rompe cuando se lleva al límite.

Los primeros resultados muestran un claro intercambio.

Las nuevas “firmas” resistentes a la cuántica que autorizan las transacciones son mucho más grandes y pesadas que las utilizadas hoy en día, aproximadamente 20 a 40 veces más grandes, según Alex Pruden, CEO de Project Eleven. Pruden aporta una combinación de experiencia militar e industrial al problema, y explicó a CoinDesk que esto significa que la red puede manejar significativamente menos transacciones a la vez. En las pruebas, una versión de Solana que utiliza esta nueva criptografía funcionó aproximadamente un 90% más lenta que la actual.

Este compromiso afecta directamente al corazón del diseño de Solana. La blockchain ha construido su reputación en un alto rendimiento y baja latencia, posicionándose como una de las redes más rápidas en el ámbito de las criptomonedas. No obstante, la criptografía post-cuántica —aunque sea más segura ante amenazas futuras— presenta requisitos de datos y computacionales más pesados, lo que dificulta mantener esas altas velocidades.

‘Escoge cualquier billetera’

Además, Solana podría enfrentar un desafío estructural más inmediato que sus competidores.

A diferencia de Bitcoin y Ethereum, donde las direcciones de billetera se derivan típicamente de claves públicas hash, Solana expone las claves públicas directamente. Esta diferencia es crucial en un escenario cuántico. “En Solana, el 100% de la red es vulnerable”, señaló Pruden.

“Una computadora cuántica podría seleccionar cualquier billetera e inmediatamente empezar a intentar recuperar la clave privada.”

Pruden, anteriormente un militar de las Fuerzas Especiales de EE. UU., se interesó en Bitcoin mientras estaba desplegado en Medio Oriente. Más tarde trabajó en Coinbase y se unió al equipo de capital de riesgo de Andreessen Horowitz en su primer fondo. Luego se convirtió en un líder inicial en la blockchain centrada en la privacidad Aleo antes de lanzar Project Eleven, una firma enfocada en preparar los activos digitales para lo que él denomina “el día Q”, el momento en que las computadoras cuánticas puedan romper la criptografía actual.

Mientras tanto, algunos desarrolladores dentro del ecosistema de Solana están considerando soluciones más simples y inmediatas. Un ejemplo son los llamados ‘Winternitz Vaults’ que utilizan un tipo de criptografía que se cree más segura frente a ataques cuánticos. En lugar de cambiar toda la red, estas herramientas se concentran en proteger billeteras individuales, brindando a los usuarios una forma de asegurar sus fondos mientras se delinean actualizaciones más grandes y sistemáticas.

A pesar de estos obstáculos, Solana ha avanzado más rápido que gran parte de la industria en al menos un aspecto: la experimentación. “Hay algo tangible,” comentó Pruden. “De hecho, tenemos una testnet con firmas post-cuánticas.” Añadió que la Fundación Solana “merece el crédito por al menos involucrarse y querer realizar el trabajo.”

A lo largo del mundo de las criptomonedas, ese nivel de compromiso sigue siendo poco común. Mientras algunos ecosistemas, más notablemente Ethereum, han comenzado a discutir caminos de migración a largo plazo, la implementación concreta ha sido limitada.

El desafío más amplio no solo es técnico, sino social: actualizar la criptografía en sistemas descentralizados requiere coordinación entre desarrolladores, validadores, aplicaciones y usuarios, quienes deben moverse en secuencia.

Para Pruden, el riesgo radica en que la industria espere demasiado para iniciar este proceso. “Este es un problema del mañana —hasta que se convierta en el problema de hoy,” advirtió. “Y luego toma cuatro años solucionarlo.”

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Fuente: www.coindesk.com