El reciente ascenso del oro está comenzando a parecer menos una tendencia constante y más un fenómeno de aglomeración.
El metal amarillo superó los $5,500 por onza a finales del miércoles, y a este ritmo, su valor nocional aumentó en aproximadamente $1.6 billones en un solo día, una cifra similar a la capitalización total del mercado de Bitcoin.
Es una comparación llamativa, aunque con letras pequeñas, ya que la «capitalización de mercado» del oro es una estimación basada en la oferta disponible, no en una medida ajustada tipo acciones en circulación.
No obstante, refleja el estado de ánimo actual: en la versión del mercado sobre una operación de devaluación, el capital está buscando primero la antigua protección que ofrece el oro.
El sentimiento del mercado refleja esta división. Los indicadores centrados en el oro ahora están mostrando «avaricia extrema», mientras que las lecturas de miedo y avaricia en el ámbito de las criptomonedas han permanecido en la zona opuesta durante gran parte del mes.
El Índice de Miedo y Avaricia del Oro de JM Bullion es un medidor de sentimiento de 0 a 100 que se basa en cinco factores: las primas del oro físico, la volatilidad de su precio al contado, el tono en redes sociales, las compras/ventas al por menor de JM Bullion y el interés en Google Trends. Lecturas bajas sugieren miedo y capitulación, mientras que lecturas altas indican una avaricia excesiva. Este índice es un indicador contracorriente y no una previsión de precios.
La plata también aporta combustible a la narrativa de los metales preciosos con ganancias semanales abruptas y oscilaciones intradía que se sienten más como un apretón de posicionamiento que como una historia de acumulación lenta.
En contraste, Bitcoin sigue comerciándose como un activo de alto riesgo que requiere condiciones de liquidez limpias y un catalizador claro.
Se mantiene en torno a los $80,000, todavía muy por debajo del pico de octubre, a pesar de que los metales han tenido un rendimiento impresionante y los titulares continúan alimentando el marco de «activos duros». Esto resulta incómodo para el argumento macroeconómico en el que muchos inversores en criptomonedas se han basado: se espera que Bitcoin actué como un oro digital cuando la confianza en las monedas y la política fiscal comienza a tambalearse.
Sin embargo, esta discrepancia no significa que la tesis esté muerta. Bitcoin ha superado a la mayoría de los activos en plazos más largos y puede moverse rápidamente cuando regresan los flujos.
Las últimas semanas han sido un recordatorio de que el concepto de «reserva de valor» depende tanto de quién está comprando y por qué, como de la narrativa en sí.
En este momento, el comprador marginal en busca de refugio está eligiendo lingotes y monedas —no tokens y billeteras— y Bitcoin se enfrenta a la tarea de demostrar, nuevamente, para qué se utiliza realmente.
Fuente: www.coindesk.com