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Así lo afirma la firma de servicios financieros e infraestructura NYDIG. En una nota semanal de mercado, Greg Cipolaro, jefe global de investigación de la empresa, destacó que en los últimos meses las correlaciones entre Bitcoin y los índices bursátiles como el S&P 500, el Nasdaq 100 y el ETF IGV, que se especializa en software, han aumentado.
Este cambio ha llevado a algunos analistas a sostener que la criptomoneda ahora opera como una especie de proxy para las acciones tecnológicas. Sin embargo, Cipolaro rechaza esa perspectiva.
Aun cuando las correlaciones se sitúan cerca de 0.5, los movimientos de las acciones solo explican una pequeña parte de los cambios en Bitcoin, escribió Cipolaro. Este nivel estadístico indica que aproximadamente una cuarta parte de los cambios de precio están impulsados por factores del mercado de valores, mientras que los tres cuartos restantes están ligados a fuerzas propias del mercado cripto.
Entre estas fuerzas se incluyen los flujos de capital hacia fondos de Bitcoin, los cambios en la posición de los derivados, tendencias de adopción de la red y desarrollos regulatorios.
Según Cipolaro, la reciente alineación de precios refleja más el contexto macroeconómico actual que una fusión estructural entre las clases de activos. Tanto Bitcoin como las acciones de crecimiento responden a las condiciones de liquidez y al apetito de los inversores por el riesgo.
“Esa diferenciación respalda el papel de Bitcoin como diversificador de cartera”, escribió Cipolaro. “Aunque las correlaciones con acciones están actualmente elevadas, siguen lejos de ser determinantes en los rendimientos de Bitcoin.”
La evolución del papel de Bitcoin
La nota de NYDIG también mencionó comentarios recientes de inversores destacados. Chamath Palihapitiya y Ray Dalio han suscitado un debate sobre si los primeros defensores de Bitcoin han cambiado de opinión sobre el activo. Cipolaro argumenta que el debate ha evolucionado, pasando de la supervivencia de Bitcoin a su potencial como activo de reserva para bancos centrales.
Palihapitiya, un apoyo temprano que en 2013 llamó a Bitcoin “Oro 2.0”, cuestionó recientemente si el activo se ajusta a las necesidades de los balances soberanos.
Dalio ha expresado preocupaciones similares durante años, señalando la volatilidad, el riesgo regulatorio y amenazas tecnológicas a largo plazo, como los avances en la computación cuántica.
Cipolaro señaló que estas críticas reflejan expectativas cambiantes a medida que Bitcoin pasa de ser un activo impulsado por el comercio minorista a uno sostenido por instituciones. Aun así, argumenta que el crecimiento a largo plazo de Bitcoin no depende de la adopción por parte de los bancos centrales.
En cambio, la red ha crecido desde usuarios individuales hasta oficinas familiares, gestores de activos y fondos cotizados en bolsa, un camino diferente en comparación con muchas innovaciones financieras pasadas, que comenzaron con capital institucional.
La propiedad de bancos centrales podría validar aún más la clase de activos, pero no es un requisito previo para el crecimiento continuo”, escribió Cipolaro.
“El valor de Bitcoin proviene de su red distribuida globalmente, su neutralidad política y sus propiedades técnicas y económicas que permiten la transferencia de valor resistente a la censura, escasez digital y operación independiente, libre de cualquier gobierno, institución o autoridad monetaria”, concluyó la nota.
Fuente: www.coindesk.com